jueves, 13 de septiembre de 2018

Laza, nuestra tatarabuela…

Vista del actual centro poblado de Laza (Foto: Juan Adolfo Apaza)

Laza es la población más antigua de lo que hoy es el municipio de Irupana y una de las más veteranas de la región yungueña. Es más, era hasta bien entrada la etapa colonial lo que entonces se llamaba “doctrina” o lo que hoy se denomina parroquia, dentro de la administración eclesial.
El archivo del Arzobispado de La Paz consigna muchos documentos en los que Laza aparece como cabeza parroquial, al mismo nivel que Chulumani, que es la jurisdicción con la que colinda. Irupana aparece nombrado, pero como parte de ese territorio administrativo de la Iglesia Católica.
Ya en 1943, el irupaneño Leonardo Guzmán, director de la revista “Acción y Progreso”, publicó una versión del religioso franciscano Nicolás Armentia quien, en su calidad de obispo, habría realizado una visita pastoral a la parroquia de Irupana, en 1903, en la que pudo constatar la antigüedad del mencionado poblado.
“Según las investigaciones que he hecho, ella ha sido erigida a mediados del siglo XVII, o sea el año 1646, un 29 de junio, llevando por ello el agregado previo de San Pedro. Su fundación ha obedecido al descubrimiento de ricos yacimientos de oro en ‘El Encanto’”, afirma la mencionada publicación.
De acuerdo a la versión del religioso, además de la riqueza minera, los españoles que se asentaron en el lugar lo hicieron con el objetivo de cultivar productos agrícolas, tarea que fue realizada por los esclavos africanos que llegaron junto a ellos.
Pablo Fernández, un religioso de la orden de los Recoletos, menciona como muestra de la pasada grandeza de Laza su templo y su casa convento, los que fueron destruidos por un incendio, dando lugar a la pequeña capilla que ahora tiene.
¿Dónde estaba edificada semejante infraestructura en la explanada donde está ubicado el centro poblado de Laza? El sacerdote agustino holandés Wigberto van Zuylekom, quien desde los años 40 trabajó en las parroquias de Irupana y Chulumani, afirma que el templo y la respectiva casa se levantaban sobre los terrenos en los que hasta hace años estaba la cancha de fútbol y ahora se yergue la plaza del centro poblado.
“Laza, que era antes la residencia del vicario foráneo, ha degenerado hasta ser un pueblito de unas 30 familias. El templo anterior ha sido desmantelado y un templo nuevo fue construido con una sola habitación para el párroco. La iglesia está en buen estado, muy decente, justamente se estaba arreglando la sacristía. El terreno del templo antiguo ahora es cancha de fútbol”, relata según la versión recogida en el libro “Memorias de los agustinos holandeses en Bolivia 1930 – 1995”.
¿En qué momento San Pedro –que según Armentia era el patrón del lugar- fue reemplazado por el Señor de la Exaltación? Según se sabe, en la época colonial fueron traídos desde España tres imágenes del Cristo crucificado. Una de ellas fue consagrada en el templo de Ocobaya, la otra en el de Laza y la tercera estaría en alguna población del sector de Lambate. Sin embargo, aún resta investigación archivística para establecer las causas que llevaron a mover la fiesta de Laza del 29 de junio al 14 de septiembre.
Pero hay muchas otras preguntas sin respuesta: ¿Cuáles fueron las razones por las que Laza perdió la importancia que tenía en el pasado? ¿Por qué el centro neurálgico del sector fue transferido a Irupana?
Ya en 1781, durante el levantamiento indígena de Tupaj Katari, Irupana era considerado un punto estratégico por su conexión con la provincia Inquisivi, tanto que todos los españoles de la región se concentraron en el lugar y fueron parte de un éxodo hacia Cochabamba. La importancia que algún día tuvo Laza ya era historia…

miércoles, 15 de agosto de 2018

“En La Plazuela tenemos al poderoso Strongest…”

El equipo de La Plazuela de comienzos de los 60. Parados: Pascual Salazar, Antonio Navarro, (NN), Florencio Flores, Amorín Zalles y Camacho. Abajo: Pascual Flores Walter Terán, Fernando Zalles y Julio Pinto
El día en que Walter Terán compró un juego de camisetas atigradas para el equipo de La Plazuela ni se imaginó que estaba pintando los colores de uno de los mejores representativos de fútbol que tuvo el municipio de Irupana.
Él había nacido en la población de Saya, municipio de Cairoma, provincia Loayza, donde el equipo vestía los colores del The Strongest, de La Paz. Luego de prestar su servicio militar, en 1956, se asentó en La Plazuela, donde el fútbol era ya la principal distracción.
“Aquí el color había sido blanco, creo que con bando rojo, mi pueblo, Saya, era estronguista, he ido a La Paz y he comprado las camisetas del Strongest, desde entonces esos han sido los colores de nuestro equipo”, relataba orgulloso don Walther, quien falleció el año pasado.
En esa época, La Plazuela no tenía mucha población. Hasta antes de la Reforma Agraria, firmada en 1953, el lugar era de propiedad de la familia alemana Stephan, que se dedicaba a la producción de caña, la que era destinada a la elaboración de alcohol. Luego vino el fracaso de la producción de paltos para quedarse finalmente con los mangos.
Don Walter recordaba que, al principio, no tenían muchos jugadores, al extremo que necesitaban prestarse futbolistas para completar el equipo: “Jugaba Pascual Flores, Florencio Flores, su hijo de don Desiderio Fernández, Amorín Zalles, mi persona, Claudio Pinto, Bonifacio Saavedra, ocho nomas éramos. Nos ayudaban Pastor Manrriquez, y Camacho, de Pahuata”.
Pero a pesar de su escaso número, el equipo atigrado de La Plazuela ya era un rival de temer en los cotejos amistosos y también en los torneos intercomunales. En el lugar guardan aún el trofeo al primer lugar del Campeonato Campesino, organizado por la Alcaldía de Irupana, en la gestión de Leonardo Carrasco, a comienzos de los 60. Terminaron el torneo de manera invicta, siendo únicamente el equipo de Capani el que pudo arrancarles un empate.
Luego vinieron las nuevas generaciones de jugadores que fueron de los mejores equipos que se recuerden en los torneos anuales que se organizaba en el campo deportivo de Churiaca, en Irupana. ¿Cómo olvidar los partidos frente a la poderosa Chicaloma?  Queda en el recuerdo las innumerables finales que han tenido como protagonista al equipo de la playa del Río La Paz.
Futbolistas de la talla de los Flores, los Castro, los Pinto, los Terán… Verdaderas familias dedicadas a darle buen trato al balón, que han ayudado a conformar equipos competitivos, pese a que La Plazuela continuaba siendo una población relativamente pequeña.
Sin duda, los hijos de Florencio Flores se encuentran entre los más destacados: Jaime defendió los colores del San José, de Oruro, y el Always Ready, de La Paz. Jaurry jugó en Chaco Petrolero para luego defender los colores de varios equipos potosinos que incursionaban en la Liga Profesional. Su etapa más brillante fue cuando jugó en filas de Litoral. Germán llegó a equipos de la Asociación del Fútbol de La Paz. Los nombres de los planteles donde jugo Nicolás, el menor de los Flores, lo dicen todo: Municipal, Litoral, The Strongest, Oriente Petrolero y Ciclón.
La Plazuela se ganó tal respeto en el fútbol yungueño que fue uno de los primeros equipos que, sin ser Capital de Sección Municipal, participó en el torneo interyungueño, siendo uno de sus grandes animadores. Es de esas épocas el doloroso accidente que sufrió la población, cuando se embarrancó el camión que transportaba a jugadores e hinchas al torneo que se jugaba en Coripata, el año 1990.
Este centro poblado del municipio de Irupana es conocido por la calidad de sus mangos, pero hubo una buena época en la que fue igual de reconocido por la calidad del fútbol que se practicaba en su pedregosa cancha.

miércoles, 25 de julio de 2018

Irupana es más vieja de lo que decimos…


Este documento que se encuentra en los archivos del Arzobispado de La Paz es de junio de 1717 y dice claramente: "Pueblo de Irupana"
Cual persona cuarentona, los irupaneños e irupaneñas le hemos rebajado la edad a nuestra población. Decíamos que fue fundada en 1746 y que, por lo tanto, en 2016 cumpliría 270 años de vida. Pero es mucho más vieja: Una rápida búsqueda en el Archivo del Arzobispado de La Paz nos permitió encontrar una mención sobre Irupana en el mes de junio de 1717, casi tres décadas antes del año en que supuestamente fue fundada.
Que sepamos, nadie de las actuales generaciones ha visto el certificado de nacimiento de Irupana. Es más, quien afirmara que es del año 1746, don Leonardo Guzmán -director de la revista Acción y Progreso, que se publicaba en los años 40, del pasado siglo-, tampoco realiza una afirmación taxativa de que este documento exista.
“Hemos llegado a establecer, sino con exactitud, al menos aproximadamente”, explica Guzmán, al asegurar que, junto al obispo e historiador Nicolás Armentia, realizó pacientes investigaciones, el año 1903, en el Archivo Parroquial que “aún debe existir en Irupana”. Ellas le habrían permitido asegurar que un grupo de españoles se asentó en Irupana dos años antes de su fundación, atraídos por su riqueza minera.
Pero la lógica cuestionaba la fecha: ¿Era posible una fundación tan tardía, tomando en cuenta que otras poblaciones como Laza o Chulumani existían muchísimo antes? Las investigaciones sobre el levantamiento de Tupac Katari muestran que Irupana, ya en 1781, era el principal asentamiento español de la región. ¿Pudo acaso constituirse un centro poblado tan importante en apenas algo más de tres décadas?
Las dudas fueron alimentadas por una conversación con el padre Alberto, actual párroco de Irupana, quien aseguraba que vio, en algunos libros sobre la historia de la Iglesia paceña, el nombre de nuestra población mucho antes de la mención al año 1746.
Había que buscar la historia de la parroquia de Irupana y, para hacerlo, era fundamental revisar los archivos del Arzobispado de La Paz. Gracias a la comprometida colaboración de su responsable, el profesor Norman Reyes, fue posible establecer lo siguiente:
  • Laza es mucho más antiguo que Irupana. Es más, era la “doctrina” o lo que hoy conocemos como la parroquia de la zona, se dice que su iglesia, con estilo colonial, sufrió un incendio que la destruyó por completo.
  • Hemos encontrado una referencia sobre Irupana con fecha 20 de junio de 1717. Se trata de una visita del obispo Matheo de Villafane a nuestra población. En nuestro criterio, esto echa por tierra la hipótesis de la fundación en 1746.

Entonces, ¿de dónde sale el año 1746? No creemos que sea un invento gratuito de Leonardo Guzmán o, menos aún, de Nicolás Armentia, cuyos aportes sobre las tierras bajas del país son fundamentales para la historia de Bolivia.
¿Es acaso, 1746, el año en que se traslada la sede de la doctrina o parroquia de Laza a Irupana? ¿O se trata de la gestión en la que los colonizadores españoles reciben la encomienda real correspondiente para explotar la riqueza minera de la zona? Es necesario seguir investigando, pero lo que podemos asegurar por ahora es que Irupana tiene más años de los que le hemos achacado hasta este momento…
Irupana, agosto de 2016

lunes, 19 de septiembre de 2016

Aldin Abalos Bustillos, un árbitro irupaneño en las grandes ligas


Partido entre Real Potosí y Bolívar, Aldin Abalos a lado del celeste Wálter Flores


Desde niño, Aldin Pedro veía a su tío Haiver Abalos arbitrar partidos de fútbol. Le gustaba la forma en que se movía por el campo de juego, la autoridad que imponía durante el partido. Pero, como gran parte de los chicos de su edad, él soñaba con ser un gran jugador de este deporte, ¿cómo iba a imaginar que su tío le estaba mostrando el camino para llegar a las grandes ligas?
Luego de salir bachiller en Irupana, se fue a Santa Cruz para vivir con su madre, Irma Bustillos. Ahí también practicaba el fútbol, como lo hacía en Churiaca durante los años de colegio. Hasta aquel día en que su tío, Carlos Paredes, le comentó que la Asociación Cruceña de Fútbol (ACF) estaba organizando unos cursos para las personas interesadas en incursionar en el arbitraje.
Lo primero que hizo fue llamar a su tío Haiver, su gran referente en lo que a arbitraje se refiere. Éste lo ánimo a inscribirse, le dijo que el referato es muy lindo si uno sabe asumirlo con responsabilidad. Aldin Pedro no lo pensó más.
En 2009, luego de vencer el curso que duró casi un año -en el que les enseñan sobre la reglamentación de este deporte y su aplicación, pero también les dan clases de Sicología- comenzó a hacer sus prácticas en los torneos que organiza la ACF. No tardó mucho en mostrar que tenía talento, es así que lo designaron para ser árbitro asistente para la final de la Categoría B y luego para la Categoría A.
Grande fue su sorpresa cuando, luego de esas actuaciones, recibió una llamada de Evert Aguilera, el responsable de árbitros de la Asociación, quien lo felicitaba por su desempeño y le decía que siga con el mismo empeño porque se van a abrir nuevas oportunidades.
Y las puertas de los estadios se fueron abriendo. En 2012, fue designado como árbitro asistente para el Campeonato Nacional Sub 17 que se desarrolló en Tarija. El reconocido Marcelo Ortube estuvo entre los inspectores de los jueces y valoró de forma positiva el trabajo desarrollado por Abalos durante el torneo.
En noviembre de ese mismo año recibió una nueva llamada de Aguilera en la que le preguntaba si no se animaba a ir de árbitro asistente a un partido de la Liga Profesional, en Potosí. “¡Claro que sí, profesor!”, alcanzó a decir y luego se quedó sin palabras. Más tarde llamó a su tío Haiver, a su papá, Pedro Abalos, que vive en Irupana. Había que contar la buena noticia.
Nacional Potosí enfrentaba de local a San José, de Oruro. Ese es un partido que no olvidará más, pues, era la primera vez que corría sobre la línea del campo de juego donde se enfrentaban dos equipos profesionales, a muchos de cuyos jugadores sólo había visto por la televisión.
La calificación sobre su desempeño fue buena, tanto que luego vinieron nuevos cotejos del fútbol rentado de nuestro país. Hasta estuvo de juez asistente en ese partido en el que Bolívar obtuvo el campeonato Clausura 2015, tras ganarle a San José.
A sus 26 años, Aldin Pedro ha hecho del arbitraje parte de su vida diaria. Dedica todo el fin de semana ya sea a los partidos de la Liga o a los del torneo oficial cruceño, mientras que el resto de la semana se ocupa de mantener el buen estado físico, requisito fundamental para los jueces actuales. “Nos hacen pruebas de suficiencia cuatro veces al año y uno no puede aplazarse, te suspenden de la actividad”, explica.
Uno de sus sueños es conseguir la certificación FIFA como árbitro asistente, eso le abriría la posibilidad de dirigir partidos internacionales. Quiere estar en partidos de torneos como la Copa Libertadores de América o la Sudamericana y, por qué no, alguna Copa América. Sabe que ello demanda de mucho trabajo, pero está consciente de que tiene la capacidad y el resto físico para llegar muy lejos corriendo a lado de la línea del campo de juego…

viernes, 16 de septiembre de 2016

El día en que el Mariscal Andrés de Santa Cruz gobernó el país desde Irupana


Dicen que, hasta antes de la llamada Guerra Federal (1899), la silla presidencial era, en realidad, la de la montura de un caballo: El primer mandatario del país gobernaba Bolivia desde el lugar donde se encontraba. Es así que el Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana ejerció su mandato desde Irupana, el 9 de mayo de 1830.
El 24 de abril de 1830, el también designado “Mariscal de Zepita”, salió de la ciudad de La Paz rumbo a Chuquisaca, pero lo hizo a través de la vía que atravesaba Yungas, Inquisivi y el departamento de Cochabamba. Según el libro Monografía de Los Yungas, de José Agustín Morales, lo hizo con el objetivo de cerciorarse personalmente de las muchas necesidades de los pueblos transandinos.
Es así que, el 9 de mayo de 1830, tras llegar a Irupana, ordenó a la Prefectura del departamento de La Paz enviar vacuna fresca contra la viruela, además de un médico practicante para que la suministre a los niños y jóvenes que eran las principales víctimas de la enfermedad. Así también instruyó a los curas de la zona que propaguen la noticia de este beneficio durante sus sermones, con el objetivo de que la gente acuda para recibir la inmunización.
Santa Cruz y Calahumana debió de cerciorarse del mal estado de los servicios educativos de la región yungueña, tanto que en el mismo Irupana dispuso la creación de un impuesto destinado al sostenimiento de escuelas de la misma Irupana, Chulumani, Coripata, Coroico, Chirca y Pacallo. Gravó con un tributo de 4 reales sobre cada quintal de harina de trigo, 2 reales al de maíz y 2 reales de cabeza de ganado faenado para el consumo.
Si el tema de los caminos de la región yungueña es un problema ahora, imagine lo que pasaba hace casi 200 años. El Presidente ordenó la apertura de un camino entre Unduavi y Coroico, además de la refacción del de Yanacachi. Encomendó el primero de ellos al ciudadano Bernardo Gonzáles y el segundo al corregidor Eugenio de Montufar. Para cubrir el costo de ambos trabajos autorizó que ambos cobren para sí el impuesto de peaje por un tiempo de dos años.
El Mariscal de Zepita pasó luego a Cochabamba, donde permaneció un mes antes de llegar a Chuquisaca. A su arribo promulgó, el 6 de julio de 1830, el decreto que marcó el nacimiento de la que sería luego la Sociedad de Propietarios de Yungas, la organización que manejó los destinos de la región yungueña hasta 1953, cuando se decreta la Reforma Agraria.
Esta organización reunía a todos los propietarios de las haciendas de la región yungueña, era el verdadero poder local, tanto en lo político como en lo económico. La Sociedad administraba la mayor parte del impuesto que se cobraba a la coca que salía de la zona, el que era destinado principalmente a la apertura y mantenimiento de los caminos, aunque luego pasó a la atención de servicios tales como la salud y el agua potable.
La familia del Primer Mandatario era también propietaria de una hacienda cocalera en lo que hoy se llama Coroico Viejo, en el municipio de Coroico. Es decir, formaba también parte de la Sociedad de Propietarios de Yungas.
Unir Perú y Bolivia
Andrés de Santa Cruz y Calahumana fue presidente de Bolivia entre 1829 y 1839, dos años antes de alcanzar la primera magistratura del país, fue también presidente de la Junta de Gobierno del Perú. Su proyecto político más importante fue la consolidación de la Confederación Perú-Boliviana, con la que intentó unir a los dos países, como en las épocas en que ambos territorios eran parte del Virreinato de Lima, durante la colonización española.
Nacido en la ciudad de La Paz, el 5 de diciembre de 1792, hijo del criollo peruano José de Santa Cruz y Villavicencio y de Juana Basilia Calahumana, de una rica familia mestiza, descendiente de los incas, que tenían para sí el cacicazgo de Huarina, a orillas del Lago Titicaca.
Una de las apuestas de su gobierno fue el de la educación, además del establecimiento de escuelas, fundó la universidades Mayor de San Andrés, de la ciudad de La Paz, y la San Simón, de Cochabamba.
Viajó por todos los rincones del país, con el objetivo de enterarse personalmente de las necesidades regionales y locales, pese a las dificultades que –mucho más entonces- tenía Bolivia para unir sus distintas latitudes. Es así que estuvo en lugares tan distintos como el puerto de Cobija, en el Océano Pacífico, o la frontera con Argentina. Podemos imaginarlo con su caballo por los difíciles caminos de herradura de la región yungueña, al mando de toda su comitiva…

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Chura Team, músculos irupaneños para el fisicoculturismo nacional


Fernando, Rodrigo y Pedro, la disciplina es su característica


Los Chura, de Irupana, se han convertido en un referente del fisicoculturismo paceño y van camino de serlo también del nacional. Semejante logro lo han obtenido a punta de dedicación y sacrificio diario, en un deporte que exige disciplina a cada momento. “Para esto nadie nace, todos se hacen”, concluye Fernando, el principal responsable de que el culto a los músculos se haya vuelto la marca de toda la familia.
Fernando cuenta que, desde niños, a él y sus hermanos les gustaban las películas de Arnold Schwarzenegger y Jean-Claude Van Damme, actores que se caracterizan por su musculatura bien trabajada. Tras su retorno del servicio militar, comenzó a buscar un gimnasio con el sueño de llegar un día a alcanzar igual o mejor cuerpo.
No era una tarea sencilla, entonces no había tantos gimnasios en la ciudad de La Paz y los que existían eran relativamente caros. Pero, a pesar de esas dificultades, Fernando ya había comenzado a adentrase en ese mundo. Ofreció hacer reemplazos a los instructores a cambio de que le dejen utilizar sus instalaciones. Un curso en la Universidad Franz Tamayo le permitió consolidar sus conocimientos sobre esta disciplina.
Hasta que en 2011 se animó a estrenarse en el mundo de las competencias de fisicoculturismo. Es entonces que tuvo que poner a prueba su conducta y su vocación por este deporte. No pudo irle mejor: Alcanzó el Míster La Paz, nada menos que en su debut.
Para ese momento, sus hermanos Rodrigo y Pedro también se habían encaminado en el mundo de las pesas, los ejercicios y la buena alimentación. El primero tenía mayor apego por el kickboxing y habría seguido en esa disciplina si el boxeo no le metía un gancho. Le pidieron que sirva de sparring para un boxeador que tenía próxima una pelea, pero el ganador fue él. Llegó a ser Campeón Nacional de Boxeo en la Categoría Welter (69 kilos).
Sintió que en el país no iba a llegar más lejos en el deporte de los puños, debido a la falta de oportunidades, y había comenzado a trabajar como instructor en un gimnasio de la ciudad. Era el momento de cultivar los músculos, se preparó para la competencia de 2015 y logró el Míster La Paz.
Pedro, el menor de los tres, tuvo una carrera más rápida. Incursiona hace seis años en este deporte y en 2013 logró ser Campeón Nacional Juvenil. Acaba de ser el ganador absoluto de la Categoría Clásico del departamento de La Paz.
Pero contar su recorrido y sus logros es sencillo, trabajar esos músculos demanda de al menos nueve meses de vida disciplinada y muy sacrificada. En la primera parte deben ganar masa corporal, para lo cual requieren de buena alimentación y de suplementos alimenticios que sean rápidamente asimilados por el organismo. Luego entran a la etapa del marcado muscular y del secado, para que la piel se pegue completamente a la masa corporal. Las privaciones a las que se someten serían una verdadera tortura si no tendrían la convicción de que este es el deporte en el que se realizan.
“En unos dos o tres años vamos a llegar más alto, nuestros músculos van a estar mucho más maduros”, afirma Pedro, mostrando que aún hay camino por recorrer. Pese a que nunca bajan de los primeros lugares en los torneos nacionales, ellos saben que a ese nivel tienen todavía desafíos pendientes. Fernando quiere competir en noviembre en una competencia en Perú, país que se ha convertido en una potencia en este deporte. Sueñan con estar en los sudamericanos de esta disciplina y van en esa dirección…
Sus padres, Pedro y Angélica, están comprometidos con el logro de esas metas. Ella es la persona que ayuda con la dieta estricta, pero también con el control y la crítica permanente. No hay torneo al que ambos falten, entienden de este deporte como si lo hubiesen practicado durante toda la vida.
Pese a que han concluido estudios universitarios, saben que su futuro está ligado al trabajo físico: Son instructores en los gimnasios más conocidos de la ciudad. Al verlos es inevitable recordar a su abuelo Eulogio, a quien admirábamos en la calle Cochabamba, por la facilidad con que cinchaba su mula o cargaba y descargaba los productos que cultivaba… Es que estos músculos son “made in Irupana”.

miércoles, 17 de agosto de 2016

El Roso, ese ayudante que era igual de importante que el chofer


El Roso nació en la puerta del templo de Irupana. Su mamá se encontraba escuchando misa cuando sintió el aviso de su cuerpo, la estaban sacando del lugar creyendo que habían comenzado los dolores de parto, pero, en realidad ya estaban terminando. No pudo haber mejor lugar para el nacimiento de una de las personas más queridas por la población.
Su cédula de identidad dice que se llama Froilán Cardón Foronda, pero pocos lo saben en Irupana. Para la inmensa mayoría es Roso, esa persona que podría infundir miedo por sus casi dos metros de estatura, pero más bien provoca cariño por su humildad y respeto. Dice que fue don Lucio Reguerín quien le puso el apodo, debido a que no quería que sea como un Froilán que vivía en la misma época en Irupana.
Roso es el más emblemático de los ayudantes del transporte público que ha tenido nuestra población. ¿Cómo no recordarlo llegando a Irupana en la puerta del bus de Flota Yungueña o sobre la pisadera del camión?
Él no tuvo una niñez fácil: Nació en las épocas de la hacienda, cuando la explotación laboral era el p’uthi de cada día, sin importar la edad que tenías. Es por ello que cuando le ofrecieron la posibilidad de irse de ayudante de un bus de transporte público vio que se le abría una puerta para escapar de la dura realidad que estaba viviendo.
Y el trabajo de asistente del transporte público no era para nada sencillo. Si hoy las carreteras yungueñas son difíciles para nuestros transportistas, es inimaginable lo que era en las épocas en las que él trabajaba: “Era lo peor salir de La Plazuela, a la altura de donde don Carlos Cuadros era la cosa, gredoso, puro barro, dormíamos las camas igual, sufríamos, a poner cadena, a veces ni cadena respetaba, por suerte sacábamos, en caravana salíamos”.
Pasar La Cumbre era un desafío heroico para los transportistas y los motorizados de la época. Pero mientras el chofer estaba al menos sentado al interior de su cabina, el ayudante estaba en la obligación de viajar con su cuña en la mano en la parte externa del vehículo: “Hacían mal cambio de caja y había que estar en el suelo, en tanto frío. Cuando nevaba era peor, tapado con tu mantelito blanco había que ir por la cuneta para que te mire el chofer, llegábamos a La Paz t’ayachata”.
Roso sonríe al saber que ahora salir de Irupana o entrar de La Paz no demanda más que cinco horas de viaje. “Es como ir a la plaza”, compara y no es para menos, en su época había que viajar todo el día para llegar a destino.
Pero una de las facetas que más se recuerda en la población son los años en que los ayudantes del transporte público, encabezados por Roso, bailaron la danza de los tundiquis, en la fiesta de la Virgen de las Nieves. Los choferes tenían el baile de Caporales y ellos no querían quedar indiferentes.
Fueron 12 años de su vida los que dedicó a ser asistente del transporte público, tiempo en el cual prestó un gran servicio a la población de Irupana, en el transporte de pasajeros, carga y encomiendas. “Hasta su casa se ir a entregarles”, rememora.
Pero a diferencia de casi todos sus colegas, que usaban el cargo de ayudantes como trampolín para ser choferes, él nunca aspiró a ponerse al frente del volante. Los accidentes que vio en las carreteras de la región hizo que, una vez casado, decidiera más bien cambiar de vehículo: Manejaba sus mulas para el transporte de naranjas.
Años después, junto a su esposa Nicolasa y sus hijos decidieron emigrar a Santa Cruz de la Sierra, donde reside hasta ahora. Sentado en el patio de su casa, en medio del grito de sus nietos y el húmedo calor cruceño, aún se ve bailando en las calles de Irupana: “Los ayudantes venimos, los ayudantes venimos en busca de una…”