lunes, 19 de septiembre de 2016

Aldin Abalos Bustillos, un árbitro irupaneño en las grandes ligas

Partido entre Real Potosí y Bolívar, Aldin Abalos a lado del celeste Wálter Flores


Desde niño, Aldin Pedro veía a su tío Haiver Abalos arbitrar partidos de fútbol. Le gustaba la forma en que se movía por el campo de juego, la autoridad que imponía durante el partido. Pero, como gran parte de los chicos de su edad, él soñaba con ser un gran jugador de este deporte, ¿cómo iba a imaginar que su tío le estaba mostrando el camino para llegar a las grandes ligas?
Luego de salir bachiller en Irupana, se fue a Santa Cruz para vivir con su madre, Irma Bustillos. Ahí también practicaba el fútbol, como lo hacía en Churiaca durante los años de colegio. Hasta aquel día en que su tío, Carlos Paredes, le comentó que la Asociación Cruceña de Fútbol (ACF) estaba organizando unos cursos para las personas interesadas en incursionar en el arbitraje.
Lo primero que hizo fue llamar a su tío Haiver, su gran referente en lo que a arbitraje se refiere. Éste lo ánimo a inscribirse, le dijo que el referato es muy lindo si uno sabe asumirlo con responsabilidad. Aldin Pedro no lo pensó más.
En 2009, luego de vencer el curso que duró casi un año -en el que les enseñan sobre la reglamentación de este deporte y su aplicación, pero también les dan clases de Sicología- comenzó a hacer sus prácticas en los torneos que organiza la ACF. No tardó mucho en mostrar que tenía talento, es así que lo designaron para ser árbitro asistente para la final de la Categoría B y luego para la Categoría A.
Grande fue su sorpresa cuando, luego de esas actuaciones, recibió una llamada de Evert Aguilera, el responsable de árbitros de la Asociación, quien lo felicitaba por su desempeño y le decía que siga con el mismo empeño porque se van a abrir nuevas oportunidades.
Y las puertas de los estadios se fueron abriendo. En 2012, fue designado como árbitro asistente para el Campeonato Nacional Sub 17 que se desarrolló en Tarija. El reconocido Marcelo Ortube estuvo entre los inspectores de los jueces y valoró de forma positiva el trabajo desarrollado por Abalos durante el torneo.
En noviembre de ese mismo año recibió una nueva llamada de Aguilera en la que le preguntaba si no se animaba a ir de árbitro asistente a un partido de la Liga Profesional, en Potosí. “¡Claro que sí, profesor!”, alcanzó a decir y luego se quedó sin palabras. Más tarde llamó a su tío Haiver, a su papá, Pedro Abalos, que vive en Irupana. Había que contar la buena noticia.
Nacional Potosí enfrentaba de local a San José, de Oruro. Ese es un partido que no olvidará más, pues, era la primera vez que corría sobre la línea del campo de juego donde se enfrentaban dos equipos profesionales, a muchos de cuyos jugadores sólo había visto por la televisión.
La calificación sobre su desempeño fue buena, tanto que luego vinieron nuevos cotejos del fútbol rentado de nuestro país. Hasta estuvo de juez asistente en ese partido en el que Bolívar obtuvo el campeonato Clausura 2015, tras ganarle a San José.
A sus 26 años, Aldin Pedro ha hecho del arbitraje parte de su vida diaria. Dedica todo el fin de semana ya sea a los partidos de la Liga o a los del torneo oficial cruceño, mientras que el resto de la semana se ocupa de mantener el buen estado físico, requisito fundamental para los jueces actuales. “Nos hacen pruebas de suficiencia cuatro veces al año y uno no puede aplazarse, te suspenden de la actividad”, explica.
Uno de sus sueños es conseguir la certificación FIFA como árbitro asistente, eso le abriría la posibilidad de dirigir partidos internacionales. Quiere estar en partidos de torneos como la Copa Libertadores de América o la Sudamericana y, por qué no, alguna Copa América. Sabe que ello demanda de mucho trabajo, pero está consciente de que tiene la capacidad y el resto físico para llegar muy lejos corriendo a lado de la línea del campo de juego…

viernes, 16 de septiembre de 2016

El día en que el Mariscal Andrés de Santa Cruz gobernó el país desde Irupana

Dicen que, hasta antes de la llamada Guerra Federal (1899), la silla presidencial era, en realidad, la de la montura de un caballo: El primer mandatario del país gobernaba Bolivia desde el lugar donde se encontraba. Es así que el Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana ejerció su mandato desde Irupana, el 9 de mayo de 1830.
El 24 de abril de 1830, el también designado “Mariscal de Zepita”, salió de la ciudad de La Paz rumbo a Chuquisaca, pero lo hizo a través de la vía que atravesaba Yungas, Inquisivi y el departamento de Cochabamba. Según el libro Monografía de Los Yungas, de José Agustín Morales, lo hizo con el objetivo de cerciorarse personalmente de las muchas necesidades de los pueblos transandinos.
Es así que, el 9 de mayo de 1830, tras llegar a Irupana, ordenó a la Prefectura del departamento de La Paz enviar vacuna fresca contra la viruela, además de un médico practicante para que la suministre a los niños y jóvenes que eran las principales víctimas de la enfermedad. Así también instruyó a los curas de la zona que propaguen la noticia de este beneficio durante sus sermones, con el objetivo de que la gente acuda para recibir la inmunización.
Santa Cruz y Calahumana debió de cerciorarse del mal estado de los servicios educativos de la región yungueña, tanto que en el mismo Irupana dispuso la creación de un impuesto destinado al sostenimiento de escuelas de la misma Irupana, Chulumani, Coripata, Coroico, Chirca y Pacallo. Gravó con un tributo de 4 reales sobre cada quintal de harina de trigo, 2 reales al de maíz y 2 reales de cabeza de ganado faenado para el consumo.
Si el tema de los caminos de la región yungueña es un problema ahora, imagine lo que pasaba hace casi 200 años. El Presidente ordenó la apertura de un camino entre Unduavi y Coroico, además de la refacción del de Yanacachi. Encomendó el primero de ellos al ciudadano Bernardo Gonzáles y el segundo al corregidor Eugenio de Montufar. Para cubrir el costo de ambos trabajos autorizó que ambos cobren para sí el impuesto de peaje por un tiempo de dos años.
El Mariscal de Zepita pasó luego a Cochabamba, donde permaneció un mes antes de llegar a Chuquisaca. A su arribo promulgó, el 6 de julio de 1830, el decreto que marcó el nacimiento de la que sería luego la Sociedad de Propietarios de Yungas, la organización que manejó los destinos de la región yungueña hasta 1953, cuando se decreta la Reforma Agraria.
Esta organización reunía a todos los propietarios de las haciendas de la región yungueña, era el verdadero poder local, tanto en lo político como en lo económico. La Sociedad administraba la mayor parte del impuesto que se cobraba a la coca que salía de la zona, el que era destinado principalmente a la apertura y mantenimiento de los caminos, aunque luego pasó a la atención de servicios tales como la salud y el agua potable.
La familia del Primer Mandatario era también propietaria de una hacienda cocalera en lo que hoy se llama Coroico Viejo, en el municipio de Coroico. Es decir, formaba también parte de la Sociedad de Propietarios de Yungas.
Unir Perú y Bolivia
Andrés de Santa Cruz y Calahumana fue presidente de Bolivia entre 1829 y 1839, dos años antes de alcanzar la primera magistratura del país, fue también presidente de la Junta de Gobierno del Perú. Su proyecto político más importante fue la consolidación de la Confederación Perú-Boliviana, con la que intentó unir a los dos países, como en las épocas en que ambos territorios eran parte del Virreinato de Lima, durante la colonización española.
Nacido en la ciudad de La Paz, el 5 de diciembre de 1792, hijo del criollo peruano José de Santa Cruz y Villavicencio y de Juana Basilia Calahumana, de una rica familia mestiza, descendiente de los incas, que tenían para sí el cacicazgo de Huarina, a orillas del Lago Titicaca.
Una de las apuestas de su gobierno fue el de la educación, además del establecimiento de escuelas, fundó la universidades Mayor de San Andrés, de la ciudad de La Paz, y la San Simón, de Cochabamba.
Viajó por todos los rincones del país, con el objetivo de enterarse personalmente de las necesidades regionales y locales, pese a las dificultades que –mucho más entonces- tenía Bolivia para unir sus distintas latitudes. Es así que estuvo en lugares tan distintos como el puerto de Cobija, en el Océano Pacífico, o la frontera con Argentina. Podemos imaginarlo con su caballo por los difíciles caminos de herradura de la región yungueña, al mando de toda su comitiva…

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Chura Team, músculos irupaneños para el fisicoculturismo nacional
Fernando, Rodrigo y Pedro, la disciplina es su característica


Los Chura, de Irupana, se han convertido en un referente del fisicoculturismo paceño y van camino de serlo también del nacional. Semejante logro lo han obtenido a punta de dedicación y sacrificio diario, en un deporte que exige disciplina a cada momento. “Para esto nadie nace, todos se hacen”, concluye Fernando, el principal responsable de que el culto a los músculos se haya vuelto la marca de toda la familia.
Fernando cuenta que, desde niños, a él y sus hermanos les gustaban las películas de Arnold Schwarzenegger y Jean-Claude Van Damme, actores que se caracterizan por su musculatura bien trabajada. Tras su retorno del servicio militar, comenzó a buscar un gimnasio con el sueño de llegar un día a alcanzar igual o mejor cuerpo.
No era una tarea sencilla, entonces no había tantos gimnasios en la ciudad de La Paz y los que existían eran relativamente caros. Pero, a pesar de esas dificultades, Fernando ya había comenzado a adentrase en ese mundo. Ofreció hacer reemplazos a los instructores a cambio de que le dejen utilizar sus instalaciones. Un curso en la Universidad Franz Tamayo le permitió consolidar sus conocimientos sobre esta disciplina.
Hasta que en 2011 se animó a estrenarse en el mundo de las competencias de fisicoculturismo. Es entonces que tuvo que poner a prueba su conducta y su vocación por este deporte. No pudo irle mejor: Alcanzó el Míster La Paz, nada menos que en su debut.
Para ese momento, sus hermanos Rodrigo y Pedro también se habían encaminado en el mundo de las pesas, los ejercicios y la buena alimentación. El primero tenía mayor apego por el kickboxing y habría seguido en esa disciplina si el boxeo no le metía un gancho. Le pidieron que sirva de sparring para un boxeador que tenía próxima una pelea, pero el ganador fue él. Llegó a ser Campeón Nacional de Boxeo en la Categoría Welter (69 kilos).
Sintió que en el país no iba a llegar más lejos en el deporte de los puños, debido a la falta de oportunidades, y había comenzado a trabajar como instructor en un gimnasio de la ciudad. Era el momento de cultivar los músculos, se preparó para la competencia de 2015 y logró el Míster La Paz.
Pedro, el menor de los tres, tuvo una carrera más rápida. Incursiona hace seis años en este deporte y en 2013 logró ser Campeón Nacional Juvenil. Acaba de ser el ganador absoluto de la Categoría Clásico del departamento de La Paz.
Pero contar su recorrido y sus logros es sencillo, trabajar esos músculos demanda de al menos nueve meses de vida disciplinada y muy sacrificada. En la primera parte deben ganar masa corporal, para lo cual requieren de buena alimentación y de suplementos alimenticios que sean rápidamente asimilados por el organismo. Luego entran a la etapa del marcado muscular y del secado, para que la piel se pegue completamente a la masa corporal. Las privaciones a las que se someten serían una verdadera tortura si no tendrían la convicción de que este es el deporte en el que se realizan.
“En unos dos o tres años vamos a llegar más alto, nuestros músculos van a estar mucho más maduros”, afirma Pedro, mostrando que aún hay camino por recorrer. Pese a que nunca bajan de los primeros lugares en los torneos nacionales, ellos saben que a ese nivel tienen todavía desafíos pendientes. Fernando quiere competir en noviembre en una competencia en Perú, país que se ha convertido en una potencia en este deporte. Sueñan con estar en los sudamericanos de esta disciplina y van en esa dirección…
Sus padres, Pedro y Angélica, están comprometidos con el logro de esas metas. Ella es la persona que ayuda con la dieta estricta, pero también con el control y la crítica permanente. No hay torneo al que ambos falten, entienden de este deporte como si lo hubiesen practicado durante toda la vida.
Pese a que han concluido estudios universitarios, saben que su futuro está ligado al trabajo físico: Son instructores en los gimnasios más conocidos de la ciudad. Al verlos es inevitable recordar a su abuelo Eulogio, a quien admirábamos en la calle Cochabamba, por la facilidad con que cinchaba su mula o cargaba y descargaba los productos que cultivaba… Es que estos músculos son “made in Irupana”.

miércoles, 17 de agosto de 2016

El Roso, ese ayudante que era igual de importante que el chofer

El Roso nació en la puerta del templo de Irupana. Su mamá se encontraba escuchando misa cuando sintió el aviso de su cuerpo, la estaban sacando del lugar creyendo que habían comenzado los dolores de parto, pero, en realidad ya estaban terminando. No pudo haber mejor lugar para el nacimiento de una de las personas más queridas por la población.
Su cédula de identidad dice que se llama Froilán Cardón Foronda, pero pocos lo saben en Irupana. Para la inmensa mayoría es Roso, esa persona que podría infundir miedo por sus casi dos metros de estatura, pero más bien provoca cariño por su humildad y respeto. Dice que fue don Lucio Reguerín quien le puso el apodo, debido a que no quería que sea como un Froilán que vivía en la misma época en Irupana.
Roso es el más emblemático de los ayudantes del transporte público que ha tenido nuestra población. ¿Cómo no recordarlo llegando a Irupana en la puerta del bus de Flota Yungueña o sobre la pisadera del camión?
Él no tuvo una niñez fácil: Nació en las épocas de la hacienda, cuando la explotación laboral era el p’uthi de cada día, sin importar la edad que tenías. Es por ello que cuando le ofrecieron la posibilidad de irse de ayudante de un bus de transporte público vio que se le abría una puerta para escapar de la dura realidad que estaba viviendo.
Y el trabajo de asistente del transporte público no era para nada sencillo. Si hoy las carreteras yungueñas son difíciles para nuestros transportistas, es inimaginable lo que era en las épocas en las que él trabajaba: “Era lo peor salir de La Plazuela, a la altura de donde don Carlos Cuadros era la cosa, gredoso, puro barro, dormíamos las camas igual, sufríamos, a poner cadena, a veces ni cadena respetaba, por suerte sacábamos, en caravana salíamos”.
Pasar La Cumbre era un desafío heroico para los transportistas y los motorizados de la época. Pero mientras el chofer estaba al menos sentado al interior de su cabina, el ayudante estaba en la obligación de viajar con su cuña en la mano en la parte externa del vehículo: “Hacían mal cambio de caja y había que estar en el suelo, en tanto frío. Cuando nevaba era peor, tapado con tu mantelito blanco había que ir por la cuneta para que te mire el chofer, llegábamos a La Paz t’ayachata”.
Roso sonríe al saber que ahora salir de Irupana o entrar de La Paz no demanda más que cinco horas de viaje. “Es como ir a la plaza”, compara y no es para menos, en su época había que viajar todo el día para llegar a destino.
Pero una de las facetas que más se recuerda en la población son los años en que los ayudantes del transporte público, encabezados por Roso, bailaron la danza de los tundiquis, en la fiesta de la Virgen de las Nieves. Los choferes tenían el baile de Caporales y ellos no querían quedar indiferentes.
Fueron 12 años de su vida los que dedicó a ser asistente del transporte público, tiempo en el cual prestó un gran servicio a la población de Irupana, en el transporte de pasajeros, carga y encomiendas. “Hasta su casa se ir a entregarles”, rememora.
Pero a diferencia de casi todos sus colegas, que usaban el cargo de ayudantes como trampolín para ser choferes, él nunca aspiró a ponerse al frente del volante. Los accidentes que vio en las carreteras de la región hizo que, una vez casado, decidiera más bien cambiar de vehículo: Manejaba sus mulas para el transporte de naranjas.
Años después, junto a su esposa Nicolasa y sus hijos decidieron emigrar a Santa Cruz de la Sierra, donde reside hasta ahora. Sentado en el patio de su casa, en medio del grito de sus nietos y el húmedo calor cruceño, aún se ve bailando en las calles de Irupana: “Los ayudantes venimos, los ayudantes venimos en busca de una…”

lunes, 8 de agosto de 2016

25 hitos de la Historia de Irupana

Con seguridad, hay muchos más hitos en el recorrido histórico de Irupana. Es más, no ha sido fácil escoger los 25. Sin embargo, ayudan a mirar el camino que tomó nuestro municipio:

martes, 30 de septiembre de 2014

Seis décadas vistiendo a la Virgen de las Nieves

Doña Mimí en su profesión de fe: vistiendo a la Virgen de las Nieves
Si alguien conoce íntimamente a la Virgen de las Nieves de Irupana es doña Miriam “Mimí” Belmonte. Hace 60 años que ellas se encuentran al comenzar agosto. La patrona de Irupana la espera con el atuendo que vistió durante todo el año y ella llega con todos sus implementos para desvestirla, limpiarla y ponerle un manto nuevo para que lo estrene en la víspera de su cumpleaños.
Doña Mimí comenzó vistiendo al Niño que la Virgen de las Nieves lleva entre sus manos. Eran las épocas en que su mamá Rosa, junto a su hermana mayor, Nilda, y la señorita Soraida Alcázar, engalanaban con sus mejores mantos a la imagen para la fiesta del 5 de agosto.
Tras la muerte de su señora madre, entró al grupo de mujeres que se reunían cada primero de agosto en el templo de Irupana para cumplir con el rito. Tenía entonces 17 años. Luego fallecieron su hermana mayor y la señorita Alcázar. Pero ya para entonces conocía la imagen de memoria y se sabía todos los trucos para que el manto de la virgen quede impecable.
Añora los años en que el cambio de ropa era toda una ceremonia de la población en su conjunto. Las campanas repicaban el primero de agosto para anunciar que la imagen estaba siendo bajada del altar y que se iba a proceder a la renovación del atuendo. El proceso duraba hasta el tres de agosto, pues, el colocado de las joyas era bastante demoroso.
La virgen tenía cuantioso patrimonio: collares con perlas –entre ellos un hermoso corazón-, anillos antiguos y aretes con perlas grandes, todo trabajado en oro. Al vestirla, había que asegurar cada una de las joyas a la ropa para que éstas no se caigan durante la procesión. Durante el año, las reliquias estaban celosamente guardadas en un cofre bajo tres llaves: una la tenía el párroco, otra una autoridad parroquial y la tercera una autoridad municipal. Ellos se reunían, abrían el joyero y lo entregaban bajo inventario.
Doña Mimí desconoce el paradero de ese patrimonio. Sólo queda el antiguo bastón que la virgen lleva en sus manos, que no es de oro, y la media luna de plata que está a sus pies, el resto de sus joyas son de fantasía. “Un año, el padre Carlos dijo que se ha robado la llave (del cofre) y desde entonces no sé nada”, comentó.
 En el pasado, Irupana celebraba la festividad de la Virgen de las Nieves desde varias semanas antes del 5 de agosto. Las primeras novenas eran rezadas desde el 7 de julio y se cerraban el 16, en la fiesta del Carmen. Ese día, la imagen era trasladada a casa del alférez –lo que hoy llamamos preste-, donde se comenzaba otra tanda de oraciones que se prolongaba hasta el 25 de julio. En esa ocasión, una representación del Tata Santiago salía del templo y recogía a la imagen de la patrona de Irupana para devolverla al templo, donde comenzaban las novenas finales que concluían el 4 de agosto.
No se conoce la edad exacta de la imagen de Virgen de las Nieves. Con seguridad, viene desde la época de la colonia. Doña Mimí asegura que, desde que la conoció, su cuerpo se encontraba siempre en muy buen estado. Es cierto que tenía algunos problemas en uno de los brazos, el cual fue arreglado por un restaurador que fue contratado, hace algunos años, gracias al aporte de la familia Nahín, que reside en Estados Unidos. En otra ocasión, uno de los explosivos que se utilizan como fuegos artificiales impactaron en su rostro, lo cual le provocó un pequeño rasguño. El mismo también fue reparado.
En el pasado, la señora Belmonte ayudaba también a arreglar el altar de flores que rodea a la imagen de la virgen. Esa fue una labor heredada de su tía, la señorita Ana Rivera, otrora una de las cuidadoras más celosas de todo el patrimonio que tenía la parroquia de Irupana. En los últimos años, otras señoras residentes en la ciudad de La Paz se ocupan de esa tarea.
Pero todo apunta a que la estrecha relación entre la familia Belmonte y la Virgen de las Nieves terminará con doña Mimí. Si bien cuenta con el apoyo de su esposo Augusto y de sus hijos Jorge y Rosa, quienes la acompañan en esta su profesión de fe, es difícil que ellos se hagan cargo de la misión de vestir cada año a la principal imagen del templo de Irupana. “Felizmente, me acompaña en esta tarea, desde hace 10 años, Maritza Pacheco, ella no sólo sabe vestirla a la Virgen, hasta confecciona su manto”, dice contenta.
La señora Belmonte de Sánchez habla de la “Mamita de las Nieves” con el cariño que se habla de una progenitora. Cada vez que ella le hace sueños, doña Mimí sabe que le va a pasar algo malo y se prepara para recibir la mala noticia. Es que la patrona de Irupana ya es parte de su familia, lo fue desde siempre…

viernes, 19 de septiembre de 2014

La única vez en que una mujer se sentó en la silla municipal

Zenobia Pacheco presidiendo el desfile en medio de todos los varones
Uno de los días más tristes de la historia de Irupana fue aquel, de principios de los años 70, en que los vecinos del centro poblado recibieron la noticia de la repentina muerte de Zenobia Pacheco López, la única mujer que tuvo a su cargo la Alcaldía Municipal.
La parca la encontró en la población de Unduavi, lugar donde los vehículos de transporte público acostumbraban hacer un alto a su salida de Yungas o ingreso de la ciudad de La Paz. Aquel día, ella retornaba de la sede de gobierno, a la que salió para tramitar algunas obras destinadas a la población. Su corazón se detuvo abruptamente mientras se alimentaba en uno de los puestos de comida. Fue su último almuerzo.
No fue el voto popular el que la llevó a la alcaldía, pues, eran tiempos en los que los alcaldes eran nombrados desde un despacho del ministerio del Interior. Las urnas eran piezas en desuso, debido a que el país había retornado a las épocas en que las bayonetas pesaban mucho más que los sufragios y la voluntad ciudadana.
Ella estuvo a cargo de la Alcaldía en los turbulentos 1970 y 1971, años en los que no era extraño terminar la noche con una autoridad y comenzar el día con una distinta. Lo lógico era que la dedocracia vigente elija para el cargo a un varón, así al menos lo había hecho desde siempre, tanto en Irupana como en otras poblaciones del país.
Grande fue la sorpresa cuando la gente se enteró que la nueva autoridad edil sería una mujer. Zenobia Pacheco era una persona muy querida en Irupana, debido a que, desde siempre, organizaba y participaba de actividades en beneficio de la población.
Don Edgar Pabón Mostajo, dirigente de la Fraternidad de Residentes de Irupana, la recuerda por su presencia en todos los partidos de los que participaba la selección azul y blanco durante los campeonatos interyungueños de fútbol. Su presencia no pasaba inadvertida, debido a que acostumbraba alentar al equipo a voz en cuello, junto a sus hermanas Emma, Julia y Etelvina.
Una vez nombrada alcaldesa retornó a Irupana, pero salía permanente a la ciudad de La Paz. Los recursos de la Alcaldía eran mínimos, no alcanzaban siquiera para pagar el salario de la alcaldesa, quien debía trabajar ad honorem. Ella estaba decidida a realizar una buena gestión, razón por la que estaba obligada a viajar de forma permanente. Y viajar no era tan cómodo como lo es ahora: El viaje duraba todo el día y la alcaldía apenas tenía dos o tres carretillas, ni soñar con vehículo propio, si no había ni para la gasolina…
En Irupana fue eternamente recordada por sus constantes operativos de limpieza de calles. En esos tiempos, los vecinos estaban obligados a barrer sus aceras y vías todos los días. La intendencia era la encargada de hacer el control respectivo, pero ella salía a inspeccionar personalmente. Era tan meticulosa que hasta llamaba la atención a los padres de los niños que andaban por las calles sin bañarse o con la ropa sucia. “Podemos ser pobres, pero debemos ser limpios”, era su máxima.
Para ella, los residentes irupaneños que habitaban en la ciudad de La Paz eran igual de valiosos que los que vivían en la población. Aprovechaba de los puestos que tenían en la sede de gobierno para conseguir pequeños proyectos para Irupana. Es por ello que, pese a la pandémica situación económica del poblado, llevó a la urbe paceña una sicureada para alentar al equipo y celebrar la obtención del Tricampeonato Interyungueño de Fútbol.
Pero la vida acortó su gestión y no permitió ver los frutos de todas las gestiones que había comenzado en las alturas paceñas. El doctor Augusto Sánchez fue testigo de su partida. Iba en el mismo bus y almorzaba en el mismo lugar donde se produjo el deceso. Cuenta que ella estaba tranquila, cuando de pronto puso su cabeza sobre la mesa. Un médico que estaba casualmente por el lugar la revisó de inmediato, pero ya era tarde. Zenobia Pacheco ya había abordado el otro bus, ese que no ofrece pasaje de retorno…